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Veinte Razones para desmontar a Dean Luis Reyes.

14 - 04 - 2018 POR :    Alexis Triana  
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I

El debate alrededor de la 17 Muestra Joven del ICAIC me ha recordado el supuesto diálogo entre dos viejos sordos en la zarzuela María La O, la hilarante escena del libretista Sánchez Galarraga allá por 1940, entre el Marqués del Palmar y el Conde de Las Vegas, en la cual cada uno interpreta lo que cree que escucha:

 - Sí, como no, ya oigo mejor.

- Un dolor, ¿dónde?

- Conde, no, Marqués, que ya oigo mejor.

- Yo también estoy oyendo mejor.

- Pues no lo parece.

- Sí, nuestros  muchachos crecen (...)

 

Y es que el rol de la transgresión y del provocador en el arte no es nada novedoso. Ahora han querido colocar a la censura en el centro del conflicto, y no al hecho de principios en sí mismo. Insisten por las redes sociales en convencernos de que no ha habido tal ofensa al Apóstol, y en que a nombre de la institución hemos actuado como unos burócratas censores, incapaces de entender la libertad de creación. Los leo, pero no los entiendo ni comparto.

 
Porque es, a mi juicio, la más absurda y escandalosa contradicción de los organizadores de la Muestra: haber proyectado más de 60 realizaciones durante cuatro días en importantes cines de La Habana, sostener un certamen que existe desde hace más de década y media con patrocinio estatal, y sin embargo ser los primeros en aplaudir cuando alguien habla de que los han censurado. No saben defender el derecho a ser rebeldes, y a tener una visión propia como a cada generación le compete, como hizo José Martí, en la convicción de que la obra salva, y que  “crear es pelear, crear es vencer.”

 

Exigir al ICAIC que este work in progress se exhiba “en un cine grande” como particular empeño de los organizadores —aun cuando lo propusieron fuera de concurso, y hasta pasada la fecha de admisión—, es seguir obviando el derecho de los otros, de la inmensa mayoría de los cubanos: el derecho nuestro, término que tanto molesta a Dean Luis Reyes. Las declaraciones de las presidencias de la UNEAC, de la Asociación Hermanos Saiz y la Brigada José Martí, son precisas y todas han exigido un poco de decoro: ¡No se metan con Martí! (1)

 

¿Qué habría pasado si el Centro de Estudios Martianos o la Sociedad Cultural José Martí decidieran establecer una demanda judicial por infamia, al amparo del artículo 204 del Código Penal, que se aplica al que públicamente difame, denigre o mal exprese a las instituciones de la República, a las organizaciones políticas, de masas o sociales del país, a los héroes y mártires de la patria, y que incurre en sanción de privación de libertad de tres meses a un año, o a multa de cien a 300 cuotas? Cito el documento donde la presidencia de la organización de los jóvenes escritores y artistas de Cuba, “expresa su desacuerdo con postulados estéticos que vayan en detrimento de la identidad y los símbolos nacionales.”

 

Y a su vez confirma el apoyo a la Muestra Joven ICAIC, “de la cual formamos parte desde su primera edición y de la que sentimos el orgullo de contribuir cuando apenas era una jornada de cine promovida desde el seno de nuestros más audaces y certeros creadores. Creemos que se impone reformular el diálogo realizadores-institución para seguir desarrollando un evento que cada año trasciende la visón particular y universaliza las perspectivas heterogéneas y las dinámicas cada vez más complejas del audiovisual cubano.”

 

II

Tengo con el blog El Cine es Cortar una relación “dialógica”: Juan Antonio García Borrero fue uno de los pocos que publicó íntegra, en aquel entonces, mi réplica a los organizadores del Festival Cine Pobre de Gibara, que titulé “Nunca en nombre nuestro”, en abril del 2011.

 

Discrepaba entonces que hubiesen sido las autoridades de Holguín quienes  suspendieran la convocatoria internacional al evento, que circuló profusamente por un correo y desde una oficina financiados por el estado cubano, y que invitaba a venir con las latas de película bajo el brazo a una ciudad varias veces impactada por huracanes, aun cuando la frecuencia del festival había sido pospuesta a bianual, por el plan de festivales y eventos del país, todo lo que aún hoy me sigue pareciendo un verdadero acto de irresponsabilidad con los convocados a partir de las extraordinarias dificultades que se vivían.

 

A Dean Luis Reyes lo conocí mucho antes, —aunque ya no le reconozco— cuando propuso al comité organizador de la Romerías de Mayo, allá por los noventa, que el más polémico cine cubano y el audiovisual tuviesen un espacio propio en nuestro festival. Pretende ignorar que, en el año 2002 me presentó como presidente del comité organizador de las Romerías de Mayo, la propuesta de la Muestra “La Otra Luz”, un espacio que “abarcaba una selección de materiales poco vistos y esenciales para la cultura cinematográfica, sin el acto de la competencia entre los realizadores.” (2)

 

Fue en la Novena edición, y en el programa aparecían El Fanguito, de Jorge Luis Sánchez; Sed, de Enrique Álvarez, Clase Z Tropical, de Miguel Coyula. Colinas Culpa, de Jorge Molina, Oscuros Rinocerontes Enjaulados, de Juan Carlos Cremata; Talco para lo Negro, de Arturo Soto... Más de 20 materiales, proyectados en el Ateneo Cinematográfico,  en la entonces Sala Patria y hasta en el Cine Frexes, “un cine grande”, para el caso del estreno de Vampiros en La Habana, cuando la presencia de las delegaciones extranjeras continuaba creciendo año tras año.

 

Mucho después escribió en Juventud Rebelde que nuestro festival había nacido de un acto de desobediencia, —miren desde cuándo viene el término al uso— lo que en contexto es absolutamente cierto; más obvia lo esencial: desde su fundación, asumimos que aquella rebeldía tenía que gestar la búsqueda de un consenso con las instituciones, y hasta con las iglesias.

 

Tal es así que aquella Asociación Hermanos Saiz de Holguín dedicó la XV edición, por unanimidad del comité organizador, a los combatientes del Ministerio del Interior, por el apoyo de los bomberos, de los oficiales de Inmigración y Aduana —para que entraran sin dificultad los delegados extranjeros, y los instrumentos y las exposiciones—, y hasta los policías de a pie en las plazas y parques, que reconocían en la credencial del evento nuestro empeño desde una provincia a convocar a un Festival Mundial de Jóvenes Artistas y Promotores Culturales.

 

Probablemente de aquí venga el epíteto de “policía” que, quizás en tono de camaradería, me dedica en sus comentarios de Facebook, o de leer demasiado de mí a los ya adversamente contrarios a nuestro orden social, por lo que ahora, en su artículo, obvia mi presencia en la conferencia de prensa de la Muestra de Cine Joven, como director de comunicación del Ministerio de Cultura, y me designa director de la revista Excelencias.

 

Léase el machón de la publicación: lo único cierto es que desde julio del 2014 figuro como editor ejecutivo de la revista Arte por Excelencias. Solicité autorización para ejercer ese derecho como editor y miembro de la Asociación Cubana de Comunicadores Sociales, (registro 10 470), y de la Unión de Periodistas de Cuba, (7 020), en el tiempo libre que busco para el proyecto editorial de Excelencias, por circunstancias absolutamente personales que no vienen al caso. ¿No será eso “atacar a un hombre por donde es más débil: por su modo de subsistencia?”

 

III

Extraño acto de censura el de la Muestra Joven, donde el mismísimo director censurado ha tenido dos filmes más en la programación, y ha ganado premio con uno de ellos en el mismo concurso. Si no es un record para temas de censura, es un buen rasero para medir a los censores, parafraseando a nuestro crítico.

 

Es innegable que todo el tiempo se pretendió desviar el foco hacia lo espectacular del posible acto de censura, y hacerlo aún más mediático. Para los guionistas del mismo, es censura que el ICAIC haya propuesto que el work in progress se proyectara en una sala de video como parte de la programación. O que Fernando León Jacomino y Mercy Ruiz, directora de Ediciones ICAIC, hayan impugnado y cuestionado la prolongación de la conferencia de prensa en la sala del Centro Cultural Fresa y Chocolate. ¿No era de prensa la conferencia? ¿Son, o no, el director de una publicación digital y la directora de una editorial, los que ejercieron su derecho a la discrepancia, al igual que lo hicieron otros profusamente?

 

A Dean Luis Reyes le irrita, en especial, que este redactor haya interrumpido a la productora en la conducción del preguion, porque no vio, —o no quiso ver— que la misma llevaba una cámara detrás, filmando sus pasionales alegatos. Es inimaginable que nuestra “férrea censura” le haya permitido registrar escena tras escena a la vista de todos, y que no se le exigiera al menos al camarógrafo retirarse del lugar, o se hiciera lo que se estila en los noticiarios, de querer tapar el lente, cuando les dije, tanto al camarógrafo como a dicha productora,  y con testigos presenciales, que era inaudito que todo aquello fuera para un show mediático, como lo subieron el día después, a Internet y a las redes.

 

La postura asumida por el Comité Organizador, sobre el susodicho work in progress, y la consiguiente declaración institucional, enrarecieron la imprescindible atmósfera de diálogo entre los creadores y las instituciones que requiere un evento como la Muestra Joven, el Almacén de la Imagen o las Romerías de Mayo, agregaría yo. Cada vez que me quieren convencer de la inutilidad de la Declaración del ICAIC, tengo delante el post que subió el periodista Carlos Rafael Diéguez en Radio Miami durante esos días: “Martí es para Cuba, como Cristo para los cristianos.”

 

IV

Y como el que calla parece que otorga y me refiero a  “...de la desobediencia como síntoma”, en el Blog El Cine es Cortar, es sensato poner los puntos sobre las íes. Y voy a enumerarlos hasta el mismísimo final para que vean lo fácil que es llegar a veinte en una lista:

 

1- Falta a la verdad Dean Luis cuando manipula la frase del personaje de Sergio en la cinta Memorias del Subdesarrollo, y asegura que glosa palabras del Che Guevara. El parlamento que pronuncia el actor es: “¿Y la paloma que iba a mandar Picasso? Muy cómodo eso de ser comunista y millonario en París. Esta humanidad ha dicho basta y ha echado a andar. Como mi padre. Como Laura. Y no se detendrá hasta llegar a Miami.”  No es, en modo alguno, una ofensa al Che, ni puede comparársele en absoluto con el insulto a José Martí. En rigor, es una visión lapidaria de la burguesía cubana.

 
Ni Tomás Gutiérrez Alea, ni Alfredo Guevara están vivos para responderle la supuesta glosa;(3) y en especial este último, quien asumió la responsabilidad pública en la decisión de que el documental PM no se proyectara. Los mismos que aplaudieron a Fidel Castro cuando, en el año de uno de los mayores peligros sobre nuestra patria, apenas dos meses después de la invasión mercenaria, colocó el derecho de la institución en revolución por encima del interés de un creador o de un grupo de ellos, en sus Palabras a los Intelectuales.

 

Y cito a Fidel en la Biblioteca Nacional  “...hay algo que creo no se puede discutir, y es el derecho establecido por la ley a ejercer la función que en este caso desempeñó el Instituto de Cine... ¿Se discute acaso ese derecho del gobierno? ¿Tiene o no tiene derecho el gobierno a ejercer esa función?”.

 

2- Falta a la verdad Dean Luis Reyes cuando acusa a La Jiribilla y El Caimán Barbudo de hacer campaña contra los intelectuales cubanos, cuando el asunto de la guerrita de los emails. Me consta que la periodista Nirma Acosta, compañera de aula, es incapaz de prestarse a semejante infamia, y mucho menos el equipo actual de La Jiribilla, que dirige el poeta León Jacomino. Esta publicación estuvo al lado de Desiderio Navarro, y de las instituciones culturales, en aquellos días lúcidos en que el consenso y la razón permitieron que ninguna idea o frase pudiera ser manipulada por el enemigo, aun cuando se dijeran las verdades más amargas del quinquenio, el sexenio o la década más gris.

 

3- Otras falsedades, al igual que las ya mencionadas, deben probarse con evidencias, si es que Dean Luis Reyes las tiene, como la manipulación de los textos de Lina de Feria y Eduardo del Llano, publicados, entrevistados y promovidos en La Jiribilla en más de 20 ediciones según mis busquedas, por autores muy diversos; y la utilización de un seudónimo por un viceministro de cultura para escribir en esa revista.

 

4- Falta a la verdad Dean Luis Reyes cuando asegura que El Caimán Barbudo de los 90 o principios del 2000, acosó a los intelectuales que menciona. La hemeroteca no me dejará mentir: bastaría con tener delante los diferentes números de esa revista, y apreciar las innumerables ocasiones en que los nombres de Víctor Fowler, Emilio Ichikawa, y Elvia Rosa Castro aparecen allí como firmantes de textos propios y las varias polémicas en que tomaron parte, incluso entre ellos mismos. Todo está publicado en estas “demoniacas” publicaciones, que dicen lo que a Dean Luis Reyes le incomoda, porque el concepto de diálogo de ciertos compañeros igual es oírse a sí mismos, y descalificar al que dice lo que ellos no piensan.  Lo propio: juzgan como proceden.

 

5- Falta a la verdad Dean Luis Reyes cuando imputa a Jorge Ángel Pérez el ensayo de “el asesinato de reputación de Arcos”, porque es el propio Arcos quien ha mostrando en sus post y en su texto de OnCuba, una postura agresiva, abiertamente contradictoria con la política cultural que le mantiene laborando en la televisión y en FAMCA.

 

6- Falta a la verdad Dean Luis Reyes cuando no admite que es esa misma política cultural la que financia una oficina de la Muestra Joven en el edificio del ICAIC, y seis salarios a parte de sus organizadores, con presupuesto, instalaciones e instituciones estatales.

 

7-Y vuelve a faltar a la verdad Dean Luis Reyes cuando cuestiona el proceder del escritor y periodista Jorge Ángel Pérez, y le acusa de golpes bajos. Justo él, que protesta contra la censura, hasta tanto descubre que le puede sacar provecho y oportunidad. ¿Cómo explicar si no su declarada responsabilidad con la muestra del cine cubano censurado, que acaba de curar para una importante institución extranjera? ¿Será eso de “atacar a un hombre por donde es más débil?” ¿O acaso Dean Luis trabaja para el inglés, sin cobrar un centavo, o está en la capacidad de asegurar que sabe siempre quién financia, aun cuando se trate de una institución prestigiosa como el MOMA?

 Y dale con la maldita Guerra Cultural, ¿no? Es como si uno tarareara: “Te odio, y sin embargo te quiero”

 

El presente artículo es un fragmento del artículo original publicado en la revista cultural La Jiribilla. Para leer el artículo completo acceda a este enlace.



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