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Detrás de la vanguardia, una docencia artística fecunda e inclusiva

01 - 05 - 2018 POR :    Pedro de la Hoz  
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La amplia y variada muestra cultural que bajo el título Artes de Cuba: de la isla para el mundo tendrá lugar del 8 de mayo al 3 de junio en el Centro Kennedy, de Washington, hará evidente la sostenida y fecunda cosecha de la enseñanza artística en la formación de talentos.

 

Una abrumadora mayoría de los artistas que tomarán parte del programa, incluso entre los convocados que radican en Estados Unidos y Europa, son egresados de la Universidad de las Artes y la red de escuelas que funcionan a lo largo y ancho del país.

 

De ello habrá testimonio desde la misma inauguración cuando la legendaria Omara Portuondo sea arropada por los pianistas Rolando Luna y Pachequito, el saxofonista Yosvany Terry, la danzonera Miguel Faílde y la Sinfónica de la Universidad de las Artes, adscrita al Lyceum Mozartiano de La Habana, bajo la dirección del joven maestro José Antonio Méndez Padrón.

 

Particularmente estas dos últimas agrupaciones constituyen ejemplos de los más recientes logros de la docencia artística en la Isla. La Miguel Faílde está integrada por jóvenes matanceros, casi todos formados en las academias musicales de la ciudad, los cuales son portadores de un firme compromiso con la promoción del danzón y otras especies que definen el patrimonio sonoro del territorio, mientras la orquesta sinfónica articula la promoción de los valores de la música de concierto con una experiencia pedagógica práctica que redunda en la preparación profesional de sus miembros.

 

Con orgullo las nuevas generaciones de bailarines que forman parte del Ballet Nacional de Cuba y de la compañía de Irene Rodríguez, cuyas presentaciones generan justificadas expectativas en el público norteamericano, hablan de sus profesores y de la excelencia de los programas educativos.

 

Ellos ilustran, además, el carácter inclusivo del sistema, pues a partir de sus cualidades y vocaciones han tenido acceso gratuito a las escuelas, procedentes de los más diversos puntos de la Isla, con independencia de los sectores sociales de procedencia.

 

Se trata de un principio consagrado por la política de la Revolución en ese campo, que alentó desde los inicios de la década de los 60 del siglo pasado el derecho humano a la educación y la cultura.

 

(Tomado de La Jiribilla)



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